San Miguel de Neguera, Segovia

San Miguel de Neguera, Segovia

Historia

Lamentablemente no he encontrado muchas referencias históricas de esta aldea, así que el único material con que cuento es una placa informativa, prácticamente ilegible, colocada por el ayuntamiento de Sebúlcor en el mismo pueblo y que trascribo a continuación con algunos incisos míos:

Aparte de algunos indicios que hacen suponer su ocupación en época romana, sabemos que muy cerca del actual despoblado hubo una necrópolis de época visigoda. El hallazgo de diez sepulturas de esta época fue relatado a mediados del siglo XX por D. Antonio Molinero Pérez. En un escueto artículo informaba de la aparición de fíbulas laminiformes de arco, pendientes, brazaletes y fragmentos de cerámica. Molinero describe el lugar donde se encontraron los restos:

“En la jurisdicción de dicha aldea (San Miguel de Neguera), a unos 800 metros en línea recta al sur del pequeño núcleo de población, cerca de la Presa del Barrio, a la derecha del rio San Juan y a pocos metros del mismo, en el fondo del valle por el que discurre, y próximo al vértice que forma dicho río con la mojonera que desde el río y dirigiéndose hacia el este y luego al noroeste, separa los términos de Sebúlcor y Villar de Sobrepeña, existe una tierra de labor (…) en la que, arando (…), aparecieron piedras que tapaban algún esqueleto, cuentas de collar, alguna hebilla de bronce y algún anillo, hace años, sin que a los enterramientos ni a los hallazgos se les diese entonces la menor importancia”

Lejos de ser estudiada quedó la necrópolis expuesta al saqueo de supuestos aficionados a la arqueología. Alguna relación hubo de tener el lugar en esta época con la cercana cueva de los Siete Altares, ya en el cauce del río Duratón.

No tenemos más datos de San Miguel de Neguera hasta el año 1076, cuando aparece mencionado como límite sur del priorato de San Frutos, al ser donado este a Silos por el rey Alfonso VI el Bravo. Desde esta época y hasta el primer tercio del siglo XVII, fue una de las aldeas de la Villa y Tierra de Sepúlveda y dependía de la parroquia de El Salvador de dicha villa.

El 17 de octubre de 1526, Don Diego González de Sepúlveda fundó aquí el mayorazgo de El Barrio, nombre por el que todavía los del lugar siguen llamando a San Miguel de Neguera. Su hijo, otro Diego González de Sepúlveda fue regidor de la villa de Sepúlveda y aumentó los bienes del mayorazgo (1563) Del siglo XVI ha de ser la fachada de sillería del edificio más noble de la aldea, la casa solariega de los González de Sepúlveda.

Según los datos de Don Manuel González Herrero (Biografía del río Marijabe, 2004) en el Catastro del Marqués de la Ensenada (1752) se conoce este lugar como “el barrio y consejo de San Miguel de Neguera” Ocupaba su término toda la parte de la cuenca del río San Juan que hoy pertenece a Sebúlcor. Tenía el barrio seis casas y seis vecinos (entre 20 y 25 habitantes) dedicados a la labranza. En el diccionario de Pascual Madoz (1850) San Miguel de Neguera aparece como aldea agregada al ayuntamiento de Sebúlcor. Constaba de quince casas distribuidas en tres barrios conocidos como Negueruela, El Barrio y Casa Blanca. Este último aparece como despoblado en el Catastro de 1752.

De la historia reciente de San Miguel de Neguera no tengo dato alguno, así que agradeceré cualquier aportación o corrección que podáis hacer a lo aquí escrito.

Situación actual

Neguera está ubicado en una amplia vega junto al río San Juan a escasa distancia de las hermosísimas hoces del río Duratón. Junto al despoblado pasa la carretera que une Sebúlcor con Sepúlveda. En ella todavía se pueden ver los carteles con el nombre de la aldea, como si aún estuviese habitada.

Al núcleo lo forman unas cuantas edificaciones entre las que destacan dos por la calidad de su construcción: la casa solariega de los González de Sepúlveda, de la que hablaré luego, y un antiguo molino harinero de construcción más reciente. Las demás edificaciones, levantadas todas en mampuesto de piedra y en bastante peor estado de conservación, son corrales para el ganado o viviendas de una planta y altillo.

La historia de este pueblo tiene elementos en común con la de Mazariegos, en Burgos, que pasó de ser propiedad eclesiástica a formar parte del mayorazgo de una noble familia de la zona. Sospecho que, al igual que en Mazariegos, los campesinos que la habitaban nunca fueron propietarios de las tierras, sino simples colonos. Este hecho hace que Neguera pueda asociarse más con el casco de una gran finca o hacienda particular que con un pueblo propiamente dicho, y quizá pueda ser la explicación de que la aldea no tenga iglesia.

A falta de iglesia, lo que llama la atención es la calidad constructiva y el tamaño de la casa de los González de Sepúlveda, que contrasta bastante con el entorno. Algún funcionario se apiadó de ella y, antes de que se viniese abajo, mandó colocar un armazón de vigas de hierro en su fachada y dos de sus lados, con lo que consiguieron salvar la estructura, pero es como contemplar una bella sonrisa con ortodoncia: hay que echarle un poco de imaginación.

Es un caserón de tres plantas con fachada de sillería bien trabajada. La gran puerta principal con sólido arco de medio punto se remata con un ventanal de arcos lobulados sobre el que se alza el escudo de la familia. A los lados de éste hay dos pequeñas saeteras con forma de cruz.

Un poco más al sur nos encontramos un edificio muy alargado, de dos plantas, levantado también en mampuesto de piedra pero revocado, en el que se ven algunas ventanas grandes con balcones de forja. La parte más cercana al pueblo es sin duda una antigua vivienda y la parte más alejada un molino harinero con tres cárcavos, donde aún se conservan los restos del antiguo mecanismo. Como no está situado sobre el cauce del río, es de suponer que funcionaba con el agua canalizada desde la Presa del Barrio, situada vertiente arriba.

A poca distancia de allí pasa el río con abundante caudal, al menos en otoño. Se pueden ver los basamentos de un antiguo puente de piedra que ha sido reemplazado por una pasarela hecha de tablas y troncos.

El casco del pueblo forma parte de una finca de casi seis hectáreas completamente llana, situada entre la carretera y el cauce del río, de las cuales 1,2 son de regadío y otras cuatro forestales. El molino no pertenece a la finca.

El sitio es muy agradable, es fácil acceder a él y se encuentra en una zona, como son las hoces del Duratón, llena de paisajes espectaculares y lugares hermosos para conocer.

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